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Tomb Raider (1996) es un videojuego de aventura de acción y plataformas, uno de los primeros en 3D, que alcanzó tanta fama que para el 2000 ya se había convertido en una saga con cinco juegos (los principales, sin contar otros juegos exclusivos para dispositivos móviles por un lado, y sus diversas adaptaciones a distintas plataformas de videojuegos, por el otro) y en Hollywood decidieron recorrer el mismo camino que ya habían caminado con Super Mario Brothers, Resident Evil, Silent Hill, Mortal Kombat o Doom, entre otros. Así, en 2001, Lara Croft, protagonista de Tomb Raider, llegó a pantalla grande y, sí antes era famosa como un ícono de los Gamers, ahora fue conocida por la mayoría la gente del planeta, en la figura de Angelina Jolie.

Lamentablemente, como la mayoría de las adaptaciones de videojuegos al cine, el resultado no fue muy bueno y Lara Croft: Tomb Raider (2001) era apenas pasable. No se puede decir lo mismo de su secuela Lara Croft Tomb Raider: The Cradle of Life (2003) que sinceramente me pareció mediocre. Desde ese entonces, Lara no volvería a ser proyectada en una sala de cine… hasta ahora.

En 2013, Crystal Dynamics tomó las riendas de la saga de videojuegos y decidió hacer un reboot de la misma. Humanizaron a Lara, sumándose a la tendencia que se daba por esos años, para acercarla un poco más a nuestro mundo y Tomb Raider (el videojuego de 2013), se planteó como la primera parte de una trilogía que finalizará este año, 2018, donde veríamos los orígenes de la cada vez menos pixelada heroína. Ese reboot, salió de la consola y llegó también al celuloide.

Lara Croft es una chica normal, al menos en primera instancia, que gusta de ir al gimnasio y reparte comida para costear sus gastos. Eso, hasta que descubrimos que es heredera del dueño de una gran multinacional, quien desapareció hace siete años y, por lo tanto, ha de ser sucedido por su hija debido a su presunta muerte. Ella no ha aceptado aún el deceso de su padre; es entonces cuando se topa con que él llevaba una investigación, acerca de una princesa japonesa llamada Himiko, que dejó inconclusa y podría echar luces sobre su paradero.

Lara reúne los medios para viajar a oriente, donde naufraga y llega a la isla que fuera el último paradero de su papá. Sin embargo, no sólo su progenitor buscaba a Himiko, sino también un grupo, de carácter militar y muy bien armado, llamado Trinidad.

Lara ahora tendrá que, además de continuar con la búsqueda de su padre, aprender a sobrevivir.

Bueno, esa trama, es casi calcada al juego, como varias tomas, armas, escenarios e incluso algunas escenas -la del avión que sale en el trailer, por ejemplo-. Y es ahí donde me pregunto si es tan necesario apegarse tanto al videojuego. Creo que un fan debería preocuparse porque su franquicia y los personajes que tanto quiere sean tratados con amor más que de ver copias exactas de uno que otro cuadro de su juego. Ahora, este reboot es bueno y lo que la película bebe de él, conserva el buen gusto, claro que no alcanza el mismo nivel.

Aún así, la trama está bien apretada, lo que no quita una que otra cosa a la que si le das vueltas pierde un poco el sentido y un par de pequeñas redundancias. La historia fue aterrizada en búsqueda de verosimilitud y tiene buen ritmo. Es dinámica. Ahora que, hablando de verosimilitud, tendrás que dejar pasar uno que otro CGI algo notorio de vez en cuando.

Roar Uthaug corre con la dirección, debutando en Hollywood tras Bølgen (2015; también conocida como The Wave o La Última Ola, aún disponible en Netflix), otra película de buen ritmo, pero no sobresaliente. Uthaug hace un muy claro “triple guiño” a Indiana Jones and the Last Crusade (1989) que se queda en homenaje pues Tomb Raider, si bien busca semejanzas de narración y se nota grandilocuente, no alcanza la épica característica de Indiana Jones (trilogia Original; difícil meta).

Y ¿qué hay de Lara Croft? No está sexualizada como la que hizo Angelina Jolie, a quien le agrandaron el busto para la primera cinta. Ahora hay menos curvas y Lara está harto menos caricaturizada. Aunque por capricho yo quería que el protagónico de esta cinta fuera para Camilla Luddington, debo reconocer que Alicia Vikander está bien en su interpretación y en gran medida es ella la que sostiene esta película. Se ha comprometido con el papel, entregando algunos matices a un personaje unidimensional (Lara es básicamente buena y de ahí no sale), y trabajó su físico; es delgada y ágil, consecuente con las proezas que su personaje tendrá que realizar. La nueva Lara es creíble.

El que no es creíble para nada es el malo de la película -no es spoiler, queda claro su rol apenas sale-, Mathias Vogel, interpretado por Walton Goggins, el cual tiene un par de incongruencias y carece de presencia; en términos simples “pesa menos que un paquete de cabritas” y eso le resta fuerza a nuestra protagonista. Recordemos que por contraste, mientras mejor es el enemigo, mejor se ve el protagonista.

Retomando a Lara, por otro lado, cabe mencionar que no es una mujer delicada, pero tampoco es excesivamente ruda, mantiene su femineidad y, a pesar de que termina haciéndose fuerte, presenta dudas y vulnerabilidades. Un buen modelo para las niñas de hoy, otra heroína empoderada que se suma a la lista encabezada por Wonder Woman (2017).

Tras un trailer que me hablaba de una película realmente mala, Tomb Raider (2018) resultó mejor de lo que esperaba, pero es una cinta para ir a pasar el rato sin exigir mucho. Aceptable y nada más que eso.

Ficha Técnica

Director: Roar Uthaug
Guión: Geneva Robertson-Dworet, Alastair Siddons
Protagonistas: Alicia Vikander, Dominic West, Walton Goggins