En el año 2015 aparece en librerías una versión en clave pop de el acontecimiento que marca los últimos 100 años de Chile, y que rellena portadas cada 11 de septiembre. En un cómic, dos autores chilenos cuentan los esperanzados, aciagos y turbulentos años de gobierno del Presidente Salvador Allende.

En viñetas y con globos, van narrando los hechos más relevantes de la administración de la Unidad Popular, y hoy para Hijos del Átomo, su “writer”, el encargado de los textos y diálogos de “Los años de Allende”, Carlos Reyes nos da una entrevista. Comenzamos.

Hola Carlos ¿nos puedes contar algo más sobre ti?

Soy santiaguino, nacido en la Chimba y viví mi adolescencia en San Bernardo. Básicamente soy un provinciano de la región metropolitana. De adolescente comencé escribiendo reseñas y entrevistas en la revista La Bicicleta oculto bajo el pseudónimo de Carlos Lettuce y luego en La Cigarra y en la revista de música El Carrete.

Estudié audiovisual en Arcos en el 90 y desde 1998 o 1999 que escribo y publico historieta, hecho que coincide con la creación del sitio web www.ergocomics.cl que continúa vivito y coleando hasta hoy. Desde ahí en adelante, todo se vuelve borroso… me perdí la pista.

¿Cuál fue el cómic que te llevo a hacer cómics?

Muchos. De niño me pegó muy fuerte El Siniestro Dr. Mortis de Juan Marino; Mampato de Themo Lobos; Bernard Prince de Hermann; Bruno Brazil de Greg y Vance; Todo lo de Zig Zag y Quimantú, pero lo que verdaderamente me dio vuelta la cabeza a los 20 años fueron los guiones de “La cosa del Pantano” de Alan Moore con dibujos de Rick Veitch y John Totleben fue un mazazo, increíble.

También me influyeron notablemente obras como “Las falanges del orden negro” de Christin y Bilal, la “Doom Patrol” de Morrison, Case y Shade, “El Hombre cambiante” de Peter Milligan y Chris Bachalo.

Fue culpa de gente como Guido Crepax, Hugo Prat entre los más clásicos, pero esos son los que recuerdo ahora.

Nunca había leído cómics como esos y me di cuenta que no había límites para el lenguaje de la historieta. En ese momento, que recuerdo vívidamente, me prometí que la historieta se convertiría en un eje creativo fundamental en mi vida. Y así fue.

La Cosa del Pantano

¿Dónde y cuándo se gesta la idea de contar los días sociales y culturales que transcurren desde el fines de Agosto de 1970 hasta el 11 de Septiembre de 1973?

Se gesta en mi casa con Claudio Aguilera de Plop Galería y Rafael López, editor de Hueders, que en ese momento estaban tomando un taller de guion de cómic conmigo.

Nació de una conversación informal que fue creciendo hasta convertirse en el libro que Rodrigo Elgueta y yo finalmente hicimos. Jamás imaginamos que tendría el éxito que ha tenido ni que llegaría a vender 5 mil ejemplares como lo ha hecho, ni que sería publicado en el extranjero.

¿Recibieron muchas críticas de los pétreos históricos que creen que la historia no debe siquiera ser tocada y mucho menos historietada?

A pesar de lo que se pueda pesar hemos tenido sólo dos momentos así y el resto ha sido de una recepción asombrosa. Esa entelequia, esa caja negra llamada público lector ha sido extremadamente generosa con Rodrigo y conmigo.

Los Años de Allende

¿Tenías alguna ceremonia especial para escribir los diálogos? ¿Fue muy arduo el trabajo de escoger sólo algunos diálogos?

Dices bien. Fue un trabajo arduo. Y no solo respecto de los textos de Allende, si no en general, con toda la enorme cantidad de información que tiene el libro completo. Lo complejo es decidir qué sacar, qué incorporar. Como en toda obra, ese momento es una decisión vital, política, incluso. La única “ceremonia” que me propuse en Los años de Allende fue que todos, absolutamente todos los personajes históricos del libro dijesen exactamente lo que dijeron, que  tuviesen exactamente “su voz” y que incluso los cinco personajes ficticios que creamos a partir de referentes reales, como los dos periodistas extranjeros, la pareja de miristas y el taxista tuviesen textos tomados de entrevistas, frases u opiniones de gente muy parecida a ellos de ese mismo periodo.

¿Cómo es tu taller?

Yo trabajo en el living comedor de mi departamento junto a Melina, Vicente y nuestro gato Corintio, correteando por todos lados. Funciono muy bien en silencio de noche, pero también puedo trabajar de día con gente metiendo ruido y con música alrededor.

De los autores latinoamericanos de cómic, ¿alguno que te guste en especial? ¿Por qué? ¿Qué cómics nos recomiendas?

Estas son siempre las preguntas más difíciles porque uno olvida a varios imprescindibles y después se arrepiente, pero aquí va: Me gusta mucho Fabio Zimbres de Brasil; la revista Guacho y cualquier cosa del guionista Rodolfo Santullo y del dibujante Matías Bergara de Uruguay; Susana Villegas, Frank Arbelo y Marco Tóxico de Bolivia; La revista “Carboncillo”, Jesús Cossio, David Galliquio, Miguel Det, Rodrigo La Hoz, Águeda Noriega y Jorge Pérez Ruibal de Perú; “Sudestada”, lo último de Juan Sáenz Valiente y cualquier cosa de Salvador Sanz, ambos argentinos.

La revista “Larva” y Mariana Gil de Colombia; “Uncle Bill” del mexicano Bef y que está publicado en Chile.

¿Por qué me gustan? Porque son autores y autoras que hablan desde sí, que son tan localistas que son universales y porque son capaces de montar algo en países como los nuestros en que hacer historieta y arte es un trabajo altamente demandante y nunca bien remunerado.

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El formato del libro en tapa dura lo hace básicamente un objeto destinado a librerías y a cierto público. ¿Existe algún proyecto de llevar Los Años de Allende a los quioscos en números o fascículos?

No, pero tal vez, en un futuro lejano, haremos una edición más pequeña y barata.

Esperando la edición popular y sobre Los años de Allende, ¿qué fue lo más difícil de hacer en este cómic?

Todo. Desde la recopilación bibliográfica, hasta la investigación visual. Soy un maniático de los datos pequeños. Quisimos que todo fuese lo más cercano a la realidad dentro de nuestras posibilidades.

La lectura de más de 25 volúmenes me ayudaron mucho a escribir el guión y la búsqueda de un montón de imágenes de la época que, con Rodrigo logramos reunir de libros y documentales, nos consumió mucho tiempo. Fue un trabajo agotador de casi 3 años.

Salvador Allende y Pablo Neruda

¿Qué dibujante o dibujantes han llamado más tu atención y por qué? Y ¿qué escritores o escritor y por qué? 

Leo de todo. Muchos dicen eso, pero en mi caso es cierto: Leo libros de teatro, guiones, arte, poesía, novelas de todos los géneros, investigación periodística, ciencia, música, cine y libros freak como los que edita la Felguera, por ejemplo.

Creo que todo el mundo debiese leer de todo, más si es un guionista o escritor o escritora. En el cruce de esas múltiples lecturas, en un rincón puede surgir una nueva idea. De modo que me resulta muy difícil sugerir lecturas para otros. Cada quien debe seguir su propio instinto lector. El mío jamás me ha fallado.

Mi único consejo es que no se encasillen y si comienzas un libro y no te seduce, déjalo. Inténtalo más tarde, tal vez ahí te deje entrar en su universo y te cambie la vida o quizás te vuelva a rechazar porque simplemente no era para ti. Quién sabe. En mi caso, amo los libros. Su compañía, sus ideas, me salvaron mi vida, por eso creo que hoy me lo cobran y están colapsando mi departamento lenta y progresivamente. Pronto ya no podré vivir en casa y me verás en la calle en busca de más espacio… para más libros

De las viñetas de Los Años de Allende, existe un apartado que se destina con cariño a la historia e integrantes de la mítica Quimantú. Situados cómo estamos ¿vés muy lejana la posibilidad de repetir una experiencia editorial cómo esa en el Chile de hoy?

Sí, es una experiencia ya lejana e imposible de reproducir. Las condiciones que propiciaron la aparición de editoriales como Zigzag y Quimantú en Chile y en el mundo son irrepetibles. Vivimos un mundo diferente en que la fragmentación del mundo editorial es algo que se da y me gusta.

El futuro oscila en el juego que se da entre las editoriales pequeñas e independientes que, al menos en Chile, están publicando un material de gran calidad y las grandes que nos permiten acceder a otro espectro de libros y autores más conocidos o comerciales. Me gusta que editoriales más underground convivan con las multinacionales de la literatura.

Leo libros de ambos mundos, me encanta que cohabiten y de hecho, todos los días sábado invito a autores y autoras de cómic y literatura de todos esos mundos  a  hablar de su trabajo en la librería Qué Leo Forestal de Merced 76. Con Mario Cerda, dueño de esa librería y junto a su familia, hemos creado ahí un espacio de difusión importante. Es mi forma de contribuir a la visibilización de obras que me gustan y que tienen una procedencia muy diversa.

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Actualmente ¿qué cómics lees? y ¿cuál les sugieres a nuestros amigos?

Voy a hablarte de las historietas que estoy leyendo ahora mismo o que están aquí a mi lado, guiñándome una página para que las lea: “Lo mejor del día” de Abel Elizondo y Raúl Ruiz; ” Varúa Rapa Nui 3″ de Berna Labourdette y Fernando Pinto; “Arsene Schrauwen” de Oliver Schrauwen; “Look Straight Ahead” de Eleine M. Will; No te olvides de recordar de Peter Kuper y “Al servicio del cómic internacional” de Diego Jourdan, que es más bien una guía para quienes quieren trabajar para editoriales extranjeras. Desde acá veo más, pero creo que eso te da una idea.

Estoy leyendo menos estos días porque ando muy corto de tiempo. Además del trabajo, estoy escribiendo varios guiones y una primera novela, así que ni siquiera debiera estar respondiendo esta entrevista tuya, así que apenas pueda te dejo. ¿Sí?

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En Los Años de Allende hay un trato especial a las manifestaciones estéticas de la época, desde la gráfica en las calles, con la antes mencionada Quimantú; la Ramona Parra, hasta en lo musical con los conciertos populares de la nueva Canción Chilena. ¿Cuál de todas estas expresiones artísticas recuperarías para el hoy sin que resulte anacrónica?

Creo que el arte callejero de esa época sigue vivo. La muestra es que justamente esta semana el Mono González, que aparece dibujado en una página de Los años de Allende ha inaugurado una muestra de su obra en el Museo Nacional de Bellas Artes. Hay ahí toda una tradición, un imaginario visual que sigue vivo, incluso en el mundo del diseño desde la re-visitación irónica y del grafiti, sin llegar a ser anacrónico. Y respondiendo a tu segunda pregunta, yo diría que el proyecto estético del Chile popular es algo que jamás podremos ver en su plenitud después de la fractura del 11 de septiembre y de la destrucción de toda una forma de ver y entender el mundo que arrasó la dictadura cívico militar, sin embargo creo que parte de eso ha sido retomado de algún modo muy diferente en obras de artistas actuales.

Pienso, sin elaborar demasiado, en la música de Anita Tijoux, por ejemplo, en los homenajes de Los Bunkers, en Manuel García, no sé. Algo se coló de algún modo, con otra mirada, en el arte del nuevo Chile. En mí, en Rodrigo Elgueta, en muchos otros y otras hay resabios, virus del arte setentero chilensis que ha llegado hasta hoy revestido de nuevas formas. Piensa en Jorge González que siempre ha dicho que Violeta Parra y Víctor Jara son los grandes referentes chilenos y si escuchas mucho de su trabajo post Los Prisioneros vas a encontrar puntos de encuentro con ellos. Recuerda que incluso hizo un disco con guitarrita de palo, contraviniendo todo lo que se decía o pensaba de él. Quiero pensar que de alguna extraña forma, el arte chileno ha internalizado parte de ese legado en obras actuales, pero el análisis que hay que hacer ahí excede, creo, mi capacidad y el espacio de esta entrevista, pero me parece sumamente interesante.

Sobre cómic histórico, ¿podrías recomendarnos alguno?

Sí. “Maldito Allende” del guionista francés Olivier Bras y el dibujante argentino Jorge González, de próxima publicación en Chile gracias a Grafito Editor y otras historietas chilenas como “El Golpe” de Nicolás Cruz y Quique Palomo.

La senda del errante” y “El viudo” de varios autores y que aunque hacen ficción, realizan comentarios sobre hechos históricos reconocidos. También está “Santa María 1907″ de Pedro Prado; “Historias Clandestinas” de Ariel y Sol Rojas Lizana; “Lota, 1960” de varios autores y que habla, desde diversas ópticas y estilo, de esa histórica huelga del sur de Chile.

De obras extranjeras recomiendo “Nietzsche” de Michel Onfray y Maximilien Le Roy; “Logicomix” de Apostolos Doxiadis y Christos Papadimitriou; “Vaincus mais vivants” de (otra vez) Maximilien Le Roy y Loïc Locatelli; “La gran guerra” de Joe Sacco y basta porque podría seguir y seguir y seguir..

Por último Carlos, y como me ha pasado con todos los cómics que he leído, la última página siempre es un continuará… y no un fin. ¿Para cuándo más cómics de Carlos Reyes?

Espero que pronto. Estoy trabajando un cómic noir con Juan Pablo Olivos que está bellísimo, otro de aventuras delirantes con Rodrigo López y otro muy extraño con Rodrigo Elgueta sobre los Selknam que está casi listo.

Y tengo ya en carpeta otros dos proyectos, uno de terror y otro policial que aún no comienzo, con un par de notables dibujantes que prefiero dejar por ahora en secreto porque son libros que veo por ahora un poco más lejanos que los que te acabo de mencionar y que ya se están dibujando.

Como ves estoy copado pero feliz, porque estoy haciendo lo que me gusta. Estoy algo estresado por los compromisos editoriales, pero eso es parte del trabajo. Me siento privilegiado porque estoy haciendo todos estos libros con un equipo de dibujantes de primer nivel que han querido trabajar conmigo. Eso me honra y solo espero estar a la altura de ellos y de quienes nos van a leer.


Y despido a Carlos, dejándolo leer y hacer sus cómics, pero no sin antes recomendarte su twiter:@CAReyesG, con y sobre cómic, 24 horas, 7 días a la semana, y te dejo un vínculo a Manuel García “María”. Adiós.