Como muchos de nuestra generación, crecí viendo dibujos animados —los “monitos”. Y uno de los recuerdos más tempranos que tengo es de ver Las Fábulas del Verde Bosque en televisión.

Casi siempre en los recuerdos tempranos que uno tiene los detalles son hoy un poco nebulosos. Por ejemplo, no estoy completamente seguro de la fecha en que se podía ver esta serie en Chile. Estoy bastante seguro que yo la veía en la casa de mi bisabuela, una casona de adobe antigua, una de las últimas construcciones residenciales de la tradicional calle Salvador Sanfuentes en Santiago, justo detrás del Estadio Chile cuando aún se llamaba Estadio Chile. Yo vivía en esa casa de pisos de crujiente madera antigua, hasta que el terremoto de 1985 botó la chimenea de la panadería vecina sobre el techo de la que era mi habitación entonces. El mismo terremoto quebró varios de los muros de adobe y dejó la casa inhabitable.

Pero antes del terremoto, fue en esa casa –creo– que yo veía las aventuras de Juanito, Juanita, Pedro, Parlotín, Brillantín, y muchos otros animales del bosque. Para un niño que pasó toda su infancia jugando en un patio de una casa en medio de la ciudad más populosa de Chile, donde el animal más salvaje que podía encontrar era un gorrión, ésta serie era mi ventana a un mundo que me parecía fantástico e imposible.

Hoy tengo el privilegio de vivir junto a un pequeño bosquecillo, en un pueblo universitario en Carolina del Norte. Cada vez que escucho un pájaro carpintero, o que veo un Blue Jay, me acuerdo de esta serie. Lamentablemente, y aunque vivo junto a un arroyo, el entorno es demasiado urbano como para encontrar marmotas. Una lástima.

Recuerdo que esta serie, como su nombre lo implica, dejaba algunas moralejas tras cada episodio. Entre los temas centrales siempre destacaban la importancia del trabajo en equipo y el valor de la amistad. El prisma moral de las historias era siempre muy sano; no existen verdaderos villanos en el bosque, sólo depredadores. Así, la serie nos enseñaba también un poco sobre las leyes naturales.

Entre los episodios que tengo más claros en mis recuerdos se encuentra uno donde “muere” el Tío Benito –un ratón de campo. También recuerdo claramente un episodio donde Tom, el niño que vive en la granja junto al bosque, persigue a Brillantín con una escopeta.

Sin embargo, es el opening de esta serie el que recuerdo con más detalle. No me sorprendería que sea Memo Aguirre quien estuviera detrás de esa melodía que hoy se escucha cargada de nostalgia. Porque aquí son todas las mañanas llenas de un gran esplendor, siempre en el bosque.