Es hora de desempolvar ese viejo gamer que vive en tu interior con “El juego de la semana”, sección dedicada exclusivamente a mantener la flama de los videojuegos despierta en vuestros corazones.

¿Esta semana? Castlevania Dracula X, o Vampire’s Kiss para nuestros amigos europeos. Videojuego desarrollado por Konami, publicado en 1995 exclusivamente para la SNES… más o menos, en realidad es un cuasi remake de un juego exclusivo para la Turbografx 16 y exclusivo para japón, pero esa historia es, por supuesto, para otro día.

Oooh sí, Castlevania fue alguna vez una saga galardonada de videojuegos punteros de la industria que por casi una década alimentó la imaginación de niños y adultos por igual, con sus historias de vampiros, sus gráficos sorprendentes y su dificultad excesiva. Pero el tiempo pasa, y hoy en día no son más que juguetes polvorientos de una generación ingrata: Super Castlevania IV, Castlevania: Bloodlines, Castlevania Symphony of the Night y el juego que nos convoca el día de hoy: Castlevania Dracula X.

Dracula X es mi Castlevania favorito. Seguramente más de algún purista de la saga debe estar escupiendo su leche con cereales en este minuto, ya que no se trata del mejor ni del más conocido. Simplemente es un juego que me llena de felicidad el corazón cada vez que le pongo las garras encima. Lo jugué emulado por allá en el 2005, y con todas las precariedades que un teclado puede ofrecer a la hora de saltar y esquivar pude terminarlo (claro, con más de algún savestates).

¿Por qué jugarlo? Dracula X es un coqueteo con los juegos y jugadores modernos. Atrás quedaron los días en que el high score era lo importante. Para nosotros, la generación 90’s, no era un misterio lo que hacía un juego bueno: La aventura. Y Dracula X refleja este cambio con maestría, Simón Belmont parte nuevamente de vacaciones a la soleada Transylvania, armado con un látigo y precarias habilidades de salto decide ir a partirle la cara al mismísimo Drácula.

Una rápida comparación visual con Castlevania IV hace notorio su renovado diseño minimalista, limitando la HUD a las barras de magia y salud más el item especial. Visualmente el juego luce fantástico, las animaciones son fluidas, los sprites se contraen y expanden aumentando la sensación de profundidad y llevando al límite los 16 bits de la SNES.

¿Qué es un hombre? ¡Nada más que una miserable pila de secretos! El soundtrack me sigue sorprendiendo hasta el día de hoy. Los sintetizadores noventeros le sientan perfecto a la saga de konami, dejando en claro que no sólo las bandas orquestales pueden darle vida a los chupasangres favoritos del planeta. ¿Lo malo? El juego en si no es un gran desafío si lo comparamos con sus predecesores y mi mayor queja es su gameplay, que si bien es funcional, no deja de ser un enorme limitante, en especial a la hora de saltar obstáculos, que son bastantes y muy molestos.

Si logran superar eso, lo disfrutarán y se llevarán a la boca una cucharada de lo mejor que la generación 16 bits pudo cocinar. ¿Y quien sabe? Puede que esta noche sea “una horrible noche para pasar por una maldición” después de todo.