El Nombre del Viento y El Temor de un Hombre Sabio se ganaron los corazones y la inacabable curiosidad de sus lectores gracias a su prosa rítmica y poética, sus aventuras inesperadas y el carisma y creatividad de su protagonista. Ahora, Rothfuss nos ha regalado un tente-en-pie, esperando la llegada del tercer tomo: Un libro titulado La Música del Silencio (The Slow Regard of Silent Things), y que se enfoca en Auri, una de las más misteriosas apariciones en las historias de Kote.

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Ahora, si has tenido la oportunidad de leer alguna de las dos primeras entregas de esta saga, sabrás que Auri es un personaje deliciosamente extraño. Cada uno de sus diálogos está repleto de poesía, carisma, ternura e intriga, y su aparente fragilidad inicial insinúa lentamente una sabiduría y una fortaleza inesperadas. Pero al final del día, Auri es simplemente un personaje Raro, con R mayúscula. Y como tal, una historia sobre ella no podría ser una historia como la mayoría.

El mismo Rothfuss lo reconoce: en el prólogo del libro admite que su historia es peculiar y que no hace la mayoría de las cosas que una historia normal hace. Pero para ser honesto, el mundo está lleno de historias que hacen lo mismo, y aunque a ratos fue difícil seguir leyendo The Slow Regard, al terminar fue imposible sacarme la sensación de que había tenido la fortuna de leer una extraña e improbable obra de arte.

La Música del Silencio transcurre en un par de días en los que Auri se dedica a preparar un regalo para Kvothe. Durante estos días, Auri recorre la sub-realidad, el gigantesco sector abandonado que está debajo de la Universidad, en busca de un presente. Explorar este lugar lleno de insinuaciones de un gran pasado, de ruinas y habitaciones inexplicables solo sirve para despertar más curiosidad; y aunque Auri está siempre invariablemente sola explorando este mundo, su soledad se siente pequeña y discreta, como oculta y casi negada, por cuanto ella tiende a personalizar los más mundanos de los objetos.

Auri se ve a sí misma como guardiana de estas ruinas, procurando mantener el orden y la estabilidad de un mundo polvoriento y largamente abandonado. Muchos de los gestos de esta niña nos hablan de dedicación y sabiduría, pero muchos otros nos hablan de malestar, de incredulidad, de enfermedad, de trastorno. La belleza de Auri está, al igual que con el libro completo, en la interpretación, en las decisiones que obliga al lector a tomar. ¿Es Auri un ángel secreto, una alma única que atiende la voz de esta multitud de objetos abandonados? ¿o es simplemente una joven muy dañada que procura escapar de su dolor conversando con engranajes antiguos y botellas de perfume rotas?

Al final del día, La Música del Silencio te dejará con una idea más clara de cómo es Auri, pero con muchas más dudas sobre todo lo demás. Y quizás, con un poco de suerte, una extraña sensación de fortuna.

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