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Me dijeron que fuera hacer una entrevista. Fui.

Y era como un cuento chino: una bibliotecaria, un contador auditor y un administrador se juntaron para hablar de la vida, del cartón y de los libros.

Me preparé una exposición acerca del formato libro/objeto, a medida que lean se darán cuenta que me tuve que comer mi speech completo de entradita.

Olga me abrió la puerta y enseguida supe que ella era Olga. Miguel estaba sentado en un sillón en aquél colorido departamento que servía de taller, línea de montaje, laboratorio y sala de reuniones. Miguel y Olga eran “Olga Cartonera”.

Las #Editoriales Cartoneras nacen en Argentina y, como cada una de las inventivas de la humanidad, nacen de la carencia y la necesidad. La crisis y el corralito golpeaban fuerte, nace entonces la Editorial Eloísa Cartonera que proponía una vía sustentable, justa y original de dar salida a autores y artistas en un formato accesible, entretenido.

Un libro cartonero es, y no quieres ser más que, un libro hecho a mano con tapas de cartón. Este libro que escapa a la concepción puritana de un libro como tal, es también una vitrina de expresión artística ya que sus portadas, a excepción de algunas Editoriales, son únicas. Expresiones plásticas abiertas a cualquiera que quiera participar. Cada ejemplar está hecho así, un cuerpo de hojas cosidas o engrapadas y un par de tapas de cartón que sirven de soporte para las páginas. Si quito la etiqueta “de cartón” se dará cuenta que este libro no dista mucho del best seller que adorna la vitrina o biblioteca de cualquier hijo de vecino.

Olga Cartonera: Olga y MiguelMiguel y Olga me reciben.

“¿Jugo o cerveza?”

“Jugo”, me apresuro a responder. A menos de un minuto de mi entrada no podía dar un paso en falso y mostrar la hilacha; diez minutos después la mostraría igualmente.

Para entrar en calor esbozo parte de mi concepción del libro/objeto. Antes de encender la grabadora, Olga me da un cachetazo que derriba mi discurso.

“Para mí, el libro objeto es un libro que no se lee”, dispara Olga. “La Olga Cartonera nace pa’ que la gente lea, no para que tenga el libro en la mesa del comedor o estantería”, me remata.

Ya estaba en pelota, no tenía suelo como para partir con mis preguntas, entonces me dediqué a algo que aun no pierde efectividad ni pasa de moda. Me dediqué a conversar.

Olga, bibliotecaria, crea a Olga Cartonera como un ejercicio de ego, de autogestión pura y sin ánimo alguno de notoriedad. Olga se plantea esta publicación propia como un ejercicio de expresión, sin esperar encontrar tanta gente en el camino dispuesta a sumarse a esta iniciativa.

Miguel, contador auditor, ya lleva un un mes y medio en Olga Cartonera pero pareciera que llevara toda una vida trabajando con Olga. Ambos se conocieron hace tres años haciendo teatro. Miguel le reafirma el rol social de las editoriales cartoneras. Miguel tiene una vida ligada al teatro, pero debutó con las artes plásticas a través de cinco tapas para “Susurros que Gritan”, el primer título de la editorial Olga Cartonera.

La conversación sigue. Miguel me dice que está comenzando a trabajar el formato Cartonera con niños. “Partí con mi sobrina, le pedí que hicieran tapas y funcionó”. Miguel me comenta también que ante la invitación “haga lo que quiera” para la tapa del libro, los niños reaccionan extrañados pues, claro, viven en un mundo en donde el tema libre está en extinción, y el formato Cartonera es libre e invita a todos los que quieran participar.

Ligado a lo anterior Olga comenta la anécdota en la presentación de un título. “Pusimos una caja para los aportes voluntarios, o sea tú pagabas lo que querías por el libro Cartonero. Ante esto la gente reaccionaba desconfiada. Una chica me preguntó si tenía para pagar con redcompra y yo le dije que sólo era con efectivo. Al rato volvió y con mucha pena me dijo que solo tenía 400 pesos, yo le dije que se lo llevara”. En un principio Olga no iba a cobrar por sus Cartoneros, “el aporte voluntario” era el punto de consenso entre su ideal y la presión de sus cercanos. Sin embargo Olga Cartonera regala la oportunidad, sin costo alguno, de expresar y publicar. Olga Cartonera es un medio en sí mismo, una gran mesa donde todas las manos pueden estar.

Olga y Miguel me muestran su taller, una habitación de paredes naranjas, mesón de trabajo, materiales y, como usted querido lector ha de suponer, cartones. No sé si fue la conversa o el lúpulo pero de la nada comenzaron a salir libros Cartones, #Editoriales Cartoneras de Chile, Argentina, Colombia, España. Cartoneros de tapas y tela, collages, tapas únicas y tapas repetidas. El mesón de trabajo se fue poblando de libros y de historias de cada uno, Miguel y Olga me los mostraban como chochos tíos mostrando fotos de sus sobrinos. Miguel me muestra el diseño de una de las tapas de “Susurros que Gritan”: en ella está escrito el nombre del libro en la arena de una playa solitaria, además de la foto de una niña mirando la orilla del mar. “Ella es mi sobrina”, me dice Miguel.

La autogestión se posicionó hace rato en las actividades de expresión artístico cultural. No es más que el síntoma de la restricción en pos de la defensa de los intereses de algunos por sobre los de todos. No intento ser bandera anarquista con esto pero es una realidad que todos podemos identificar: los contenidos necesitan de canales para llegar a las audiencias y la autogestión es complemento de esa necesidad. Sin bien las Editoriales Cartoneras nacen y toman esta necesidad como motor, el concepto es además una plataforma abierta en donde todos podemos participar, todos podemos escribir, todos podemos hacer una tapa, todos podemos leer.

Miguel y Olga son Olga Cartonera, Miguel y Olga son buena gente.

Fue una buena tarde de cartón.

¿Dónde encontrar a Olga Cartonera?

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Mas (des)conocido como Gaete!. Esposo de Romina y padre de Luciano, peatón asumido, dibujante en verde y escritor coherente. Gusta de cachurear y coleccionar artículos varios, tiene mas cosas de las que puede guardar pero nunca es suficiente. De vez en cuando presenta en kermesses preescolares y centros de madres su show de stand up. Se considera como el mejor de todos los humildes.