Los países tienen límites, líneas imaginarias trazadas sobre puntos referenciales que determinan fronteras y sabemos que para atravesar esas líneas hay que someterse a estrictos controles. Si el mundo físico posee esas barreras, es dable pensar que las emociones también las tienen. Y cruzar alguna de esas barreras requiere un alto grado de valentía y un análisis detallado de la situación, de sus fortalezas y debilidades. En el episodio 3 de The Walking Dead vemos como nuestros protagonistas atraviesan una delgada línea, que separa dos territorios aledaños pero a la vez diferentes. Tomaron un camino, para el cual no existe retorno.

Después del shock inicial que supone para Bob despertar y ver a un grupo de  hombres devorando la carne de su pierna, éste hace una revelación supuesta ya por muchos. En el altercado submarino con el caminante del depósito de alimentos fue mordido en el hombro. Pronto la angustia y el llanto de Bob es continuado por una risa maquiavélica, dándoles a entender a los terminianos que han caído en una trampa tan grotesca como sus propias costumbres, comieron carne infectada.

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Para algunos, quizás esto no suponga un problema, después de todo están todos infectados y al momento de morir volverán a reanimarse como caminantes, a menos que un alma misericordiosa les vuele la tapa de los sesos. La causa de la desesperación de los terminianos se basa, no en la ignorancia, sino en el raciocinio. Al comer carne infectada ingresan el organismo patógeno a sus propios cuerpos del mismo modo que si hubiesen sido mordidos. Es probable que comiencen a desarrollar los síntomas típicos de infección: fiebre, dolor muscular, decaimiento, hasta la final e irreversible muerte cerebral.

En la iglesia, el grupo se percata de la ausencia de Bob, Daryl y Carol, temen que hayan sido secuestrados por un grupo hostil o peor, que Gabriel sea parte de un complot para exterminarlos. El sacerdote con su nerviosismo solo genera desconfianza en los demás.

Es curioso este punto, teniendo como escenario el mundo apocalíptico de muertos vivientes, Gabriel en lugar de transformase en un faro de tranquilidad y consuelo es más bien visto como un agente que genera suspicacia y confusión. Y digamos las cosas como son, el hombre no es el ícono de la valentía. Al ser interrogado por Rick rápidamente cuenta su oscuro secreto, el pánico causado por los muertos vivientes provocó que se parapetara solo al interior de su iglesia, cerrándola herméticamente.

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Así, cuando su congregación acudió ahí buscando refugio, el siguió oculto, dejando que hombres, mujeres y niños fueran devorados por caminantes en el exterior. No deja de ser irónico, las iglesias tanto institucionales como estructurales, son construidas como lugares no sólo de reunión, sino también de refugio. El hombre que guió, orientó y dio consejo a un grupo de personas en tiempos de paz, fue el mismo que les cerró las puerta del refugio y los condenó a una de las muertes más horrendas. “Arderas en el infierno por esto” y con justa razón.

Una vez seguros de que Gabriel no es nada más que un cobarde, Rick y el resto del grupo deben hacer frente al enigma que representa la desaparición de tres de sus miembros. Aquí es cuando reaparece Bob, literalmente lanzado a las puertas de la iglesia, como una advertencia viva de que los terminianos están al acecho y en busca de venganza. Y como siempre en tiempos de crisis, surgen los conflictos.

Hasta este punto, Rick se erigía como el único e indiscutible líder del grupo, la llegada de Abraham pone en entredicho ese liderazgo, pues tiene una misión que cumplir y pasará por encima de Rick si de proteger a Eugene se trata. La iglesia ya no es segura y requiere marchar esa misma noche, necesita el autobús y Rick no lo va a entregar.

Habrían llegado a las manos de no ser porque Glenn, Maggie y Tara se comprometen a partir con Abraham al otro día si él les ayuda a cazar a los terminianos. No dejar de ser irónico que, en una realidad donde ya no existen límites sociales, tales como la religión o las fuerzas de orden, sean un ex policía y un ex militar quienes se pelean por el liderazgo.

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Fraguan un plan simple pero eficaz, Bob identifica el lugar donde se parapetan los terminianos, una escuela primaria a diez minutos de la iglesia. Aprovecharán el factor sorpresa y armados con los más hábiles, Rick se marcha a dar caza a sus enemigos, dejando a los más débiles del grupo encerrados en una oficina de la iglesia: el enfermo Bob, Eugene, Rosita, Tyreese, Gabriel, Carl y Judith.

Un desquiciado Gareth, con su grupo de terminianos, entra a la iglesia en total oscuridad a buscar venganza en esta jugosa carnada. Los acecha, tratando de averiguar en cuál de las dos puertas se ocultan. Hace ofertas a Gabriel para que los entregue y anuncia algo perturbador para Judith, quien no aguanta más y lanza el llanto revelando su posición. Es ahí cuando los carniceros se transforman en ganado, sin darse cuenta cayeron en la trampa. Rick aparece en las penumbras, con su contingente, justo tras los terminianos. Todo fue previsto.

Gareth ruega por su vida, después de que le son arrancados unos dedos de un balazo. El resto del grupo, desarmado y de rodillas oyen como su líder negocia, tal como lo hiciera Rick en Terminus. La vida es cíclica, la fuerza del karma irremediable, como lo comprueba el maltrecho líder de los terminianos. “Déjanos ir — suplica Gareth — nunca volveremos a cruzarnos en su camino” — ”Se cruzaran con alguien más, además ya te hice una promesa” dice Rick señalándole el machete de mango rojo.

Sin alargar más la tortura verbal, Rick desenfunda el machete y da cuenta de Gareth. El resto hace lo mismo con los terminianos de rodillas. No ocupan ninguna bala, sólo les dan de golpes, machetazos y culatazos hasta que ya no existen más. La cara de Maggie y de Gleen es de repulsión, cruzaron la línea. Pueden que ya estén preparados para este nuevo mundo violentamente cruel y desgarrador, pero el precio por esta graduación fue alto: dejar atrás las últimas gotas de humanidad que aún tenían.

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Vivimos en una sociedad donde nos enseñan que la vida es sagrada. Aunque nos cueste, debemos confiar en la justicia (humana o divina), eso se pierde cuando se debe sobrevivir, cuando los que amas son amenazados. Quizás sea el morbo, pero hay que reconocer que se disfruta el fin de los terminianos.

Tyreese no puede ver y se oculta entre las sombras, Michonne recupera su catana de una de las mochilas de un terminiano y Gabriel ve el destripado cuerpo de Gareth en el piso, cercano al altar. Las paredes inmaculadas de la iglesia ahora están cubiertas de sangre. Asesinaron a sangre fría a un grupo de hombres, fue en legítima defensa, pero no por eso deja se ser asesinato. En los párrafos anteriores señalé que una iglesia es un lugar de reunión y cobijo. Son construidas por hombres para tener un lugar de conexión con la divinidad. En definitiva son “la casa de Dios”, una casa que ahora tiene las paredes salpicadas de roja muerte.

– Esta es la Casa del Señor- murmura sorprendido Gabriel

– No – le corrige Maggie – son solo cuatro paredes y un techo.

A pesar del violento acto para defender la integridad de su grupo, otra vez la muerte se cierne sobre nuestros protagonistas. Es Bob quien nos abandona, a consecuencia de la mordida del caminante y es Tyreese quien evita el sufrimiento de que se levante convertido en cadáver, atravesándole la sien con un cuchillo. También es el compasivo Tyreese quien cava un hoyo para enterrar el despojo humano de Gareth y los suyos. Es el fin definitivo de los terminianos.

La verdad lamento esto por dos motivos, nuestro grupo ha probado que pueden conspirar y asesinar a sangre fría, independiente de si es como defensa o no, son capaces de hacerlo. El Gobernador lo hacía para defender la integridad de Woodbury y Gareth también para mantener la santidad de su culto caníbal. El hecho es un solo, los motivos son diversos.

Por otro lado, creo que se va a extrañar al trastornado Gareth, como villano y antagonista funcionaba bastante bien y el concepto de Terminus era más que llamativo para durar apenas cuatro episodios (contando el último de la temporada anterior). Supongo que los creadores de The Walking Dead nos tienen preparado algo quizás aún más inquietante.

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Finalmente el grupo se divide en dos: quienes siguen a Abraham a Washington en el autobús y quienes se quedan con Rick a buscar a Carol y Daryl. Las promesas de reencuentro se intercambian en el último momento y vemos que una vez más los amigos se ven obligados a tomar caminos separados. En los últimos segundos vemos a Michonne de guardia, quien se alerta ante un movimiento de ramas, aparece Daryl desde las sombras, la espadachina sonríe, pero el arquero no lo hace. Lacónicamente habla a alguien escondido en la maraña.

Aquella delgada línea, fuerte pero invisible que separa lo bueno de lo malo es de lo que trata este episodio. No es coincidencia que la acción se desarrolle al interior de una iglesia, ícono de la moral y conservadurismo. La pregunta es, todo ese adoctrinamiento valórico durante nuestra vida ¿es real?, ¿circunstancial?, ¿en qué momento tranzamos lo que somos en pos de nuestra sobrevivencia?